A TÍO CONEJO HAY QUE ATRAPARLO A COMO DÉ LUGAR

Editor de Imágenes







Se dispuso otro plan para atrapar a Tío Conejo. Tío Tigre, en compañía de otros animales, decidió salir en busca de Tío Conejo. Lo buscaron y buscaron, pero no encontraron ningún rastro de él. Tío Tigre, el más interesado en hallarlo, no se daría por vencido. Así decidió:


- Solo queda un lugar donde podemos atrapar a Tío Conejo. Ese lugar es el ojo del agua-.. En verdad, el ojo de agua era el único lugar que Tío Conejo debía visitar. Un intenso verano había secado los ríos, los arroyos y las quebradas; sólo quedaba el ojo de agua para abastecerse.:


Tío Tigre se dirigió al ojo de agua en compañía de otros animales. Una vez allí decidió esperar a Tío Conejo. Pasaron varios días y nada se sabía de Tío Conejo....-.

 

En el ojo de agua Tío Tigre interrogaba a todos los animales que iban a beber.


-¿ Como te llamas? ¿Has visto a Tío Conejo?-.


Esas eran sus preguntas, pero ninguno de los interrogados conocía el paradero de Tío Conejo. 


Tío Conejo, que se había entrado del plan para atraparlo, aguantaba y aguantaba sed; ésta se había convertido con el paso de los días en la posible causa de su muerte, Algo se le debía ocurrir, de lo contrario moriría.


- Aquí tiene que venir, no hay otro lugar donde pueda saciar su sed. Cuando se presente lo atraparé-, pensaba Tío Tigre. 


Conejo pronto llegaría, pues se había ideado la forma de hacerlo sin ser descubierto. En el lugar donde se encontraba escondido consiguió un calazo al que le hizo dos huecos grandes en la parte inferior para sus piernas; con un palo bastante fino perforó la parte superior del calazo en tres lugares, y luego se metió en él. Cuando se encontró cerca al ojo de agua, escondió sus patas y se echó a rodar pendiente abajo.


Calambán, Calambán, Calambán, Calambán, se escuchaba.

 

- Qué será eso, qué sonido más raro-, se preguntaban los animales al tiempo que abrían paso. Muy pronto estuvo frente a Tío Tigre.


- ¿Quién entra aquí?-, preguntó Tío Tigre asombrado.

 

- Soy Calabacito, respondió el extraño.

 

 

- ¿De donde vienes?-.

- De muy lejos... Vengo a tomar agua, pues me muero de sed-.


Que animal más raro, pensaba Tío Tigre. ¿ Sabrá algo de Tío Conejo? Sin imaginar siquiera que estaba frente a él.

 

- Dime, Calabacito, ¿sabes algo de Tío Conejo? Hace días lo buscamos, pero ni rastros de él. 

 

- No, ni siquiera lo conozco. ¿Para que lo buscas? ¿Acaso te debe algo?-.

 

- Si-, respondió Tío Tigre, -tenemos algunos problemas que arreglar-. 

 

- Si lo veo le aviso, Tío Tigre-. 

 

- Gracias, Tío Calabacito. Puede pasar a tomar toda el agua que quiera-.


Sin esperar más, Tío Calabacito siguió adelante. Tomó tanta agua que de pronto... se reventó el calabazo. Los golpes al bajar habían fracturado el mate. Tío Conejo quedó al descubierto.


-¡Ese es Tío Conejo!-, gritó alguien. -¡A él, que no escape!-. 

 

-¡Dispérsense, así no tendrá por dónde escapar!-, ordenó Tío Tigre.


Tío Conejo, ni corto ni perezoso, echó a correr como hacía rato no lo hacía. Corrió tanto que sólo Tío Tigre le pudo seguir el rastro. Tío Tigre daría caza a Tío Conejo, que apresuradamente buscaba por dónde escabullirse; pronto observó una de sus cuevas y ¡zass!, se metió en ella. Tío Tigre, en el afán de atraparlo, decidió imitarlo, pero con tan mala suerte que quedó atrapado en ella, pues Tío Conejo acostumbra a hacer sus madrigueras con una gran entrada y una salida pequeña.


Salió Tío Conejo de su madriguera y encontró a Tío Tigre haciendo esfuerzos desesperados por salir. Entonces agarró un gran palo y empezó a golpear las nalgas de Tío Tigre.


-¡Gruurrggg!, ¡Gruurrggg!-, rugía Tío Tigre. - Tío Conejo desgraciado. Algún día me las pagarás-.

 

-¿Desgraciado yo? Desgraciado vos-, respondió Tío Conejo sin detener el castigo. - Conmigo no han podido, ni podrán-.


 











     

Comentarios