EL VALENTÓN TÍO GALLINAZO








Decidió Tío Conejo regresar a su cueva inicial; su tiempo a aquel hermoso lugar ya había terminado y además Tío Tigre no se atrevería a maltratarlo, luego de haber conocido a Hojarasquín del Monte y su formidable arma de guerra. Tío Lobo y Tía Chucha no serian gran problema, con su astucia le sobraba y le bastaba.

 

Un día, cuando recogía algunas yerbas cerca de cueva, se vio sorprendido: juá, juá, juá, juá..., un animal negro y grande se aposentó muy cerca de él. Era tío Gallinazo. 
- ah, desgraciado, así era que te quería coger; ahora que nos encontramos de menos a boca es cuando vamos a arreglar el problema-, aseguró Tío Gallinazo con tono amenazante.

Tío Conejo recordó la fiesta y, muy tranquilo, respondió:

- Vea, Tío Gallinazo, usted no se ponga de bravero conmigo-. Y mirando fijamente a los ojos de Tío Gallinazo, prosiguió:

 

-Usted lo que tiene es hambre y frío-.

 

Tío Gallinazo se sorprendió. ¿ Cómo se había enterado Tío Conejo de su situación?

 

- Cállese, Tío Conejo, no...-.

 

- No, no, no, no, Tío Gallinazo, que siempre ha sido un hambriento, se olvidó de su problema con Tío Conejo y preguntó:

 

-¿A´ onde e´ ta?-.

 

-Allí abajito está; váyase eso si comañitica no más y el primer picotazo se lo pega por detrás, en la cagalera que la tiene abierta-.

 

 juá, juá, juá, juá, voló Tío Gallinazo en busca de su mocho muerto. Muy pronto lo divisó y, en verdad, Tío Mocho yacía en una planada. Tío Gallinazo se acercó muy despacio, tal como Tío Conejo se ubicaba a prudente distancia.

 

Tío Garrapatero, que se encontraba cerca de ahí, sobre la rama de un árbol y adivinando las intenciones de Tío Gallinazo, lo previno:

 

-Viiivo e´ta, Viiivo e´ta-.

 

-Mue´to, mue´to-, contestó Tío Gallinazo.
-Viiivo e'tá, Viiivo e'tá-.

 

Pero Tío Gallinazo no escuchó. Se acercó a la parte trasera de Tío Mocho y metió la cabeza por donde Tío Conejo le había dicho. De repente... Se levantó Tío Mocho y corre que no ha corrido, con la cabeza de Tío Gallinazo en su interior.

 

-Apriete, apriete, Tío Mocho, apriete, apriete, Tío Mocho-, gritaba Tío conejo.

 

Y Tío Gallinazo escarbe que escarbe en la cola de Tío Mocho. Pero sus esfuerzos eran en vano. Por cada arañazo que daba, Tío mocho más corría y más apretaba su cagalera, y Tío Conejo que reía y gritaba:

 

-Apriete, apriete, Tío Mocho, apriete, apriete, Tío Mocho-.

 

- Yo dije que Viiivo e´ taba, Viiivo e 'taba-. gritaba Tío Garrapatero, que también reía. - Viiivo e´tá, Viiivo e´tá-.

 

De pronto, en su loca carrera y debido a la intromisión de Tío Gallinazo en su cagalera, cagajoneó Tío Mocho. "Pruac, Pruac". Cayó Tío Gallinazo con mierda y todo al piso.

 

Tío Gallinazo en el suelo y aturdido por lo sucedido, sólo atinó a decir:

- joy, joy, si Tío Mocho no cagajonea, me horco hoy-.

A lo lejos Tío conejo reía, reía y reía. Tío Gallinazo estaba sin ánimos. Al rato aseguró:

 

-Juro y perjuro, primero al ojo y después al culo-.

 

Aún así, jamás Tío Gallinazo ni sus descendientes olvidarán a Tío Conejo, pues cuando van a comer de algo, dan un picotazo y luego un salto atrás; además, gracias a Tío Conejo y a Tío Mocho su cuello y su cabeza no tienen plumas como el resto de su cuerpo.














 

 


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