EL VIAJE






Sin rumbo alguno, Tío Conejo se perdió en la espesura de la selva. Luego de varias jornadas de camino se dio cuenta de que Tío Tigre lo seguía de cerca; era ya de noche y se avecinaba una tormenta. En la distancia se divisaban los rayos y centellas que caían sin cesar, los relámpagos apenas se escuchaban, pero para Tío Conejo que siempre les ha tenido miedo, era el fin del mundo.

 

Desesperado, decidió buscar refugio; no encontraba dónde, pues la protección de los árboles no era suficiente para acallar la furia de la naturaleza. En su buscar encontró una cueva, no sabía ni imaginaba a quién podía pertenecer, pero aún así decidió adentrarse en ella.


- Qué olor más extraño-, se dijo Tío Conejo.

 

Ni siquiera imaginaba quién podía ser el dueño de la cueva, pero era muy segura y poco se escuchaban los relámpagos que tanto lo asustaban.

 

De pronto, en la penumbra observó la imponente figura de Tío Tigre. se había metido en la cueva de Tío Tigre, en la boca del Tigre, como dicen.

 

-¡Dios mío, esta es la cueva de Tío Tigre! Si se da cuenta de que estoy aquí, me mata. ¿Qué hago?-, se preguntó.

 

Era cierto, Tío Tigre lo seguía y esa era su cueva e iba a refugiarse de la tormenta, pues Tío Tigre, al igual que Tío Conejo temía a los relámpagos.

 

Tío Tigre, perturbado por la tormenta, apenas se percató de aquel extraño olor que rondaba en el ambiente.

 

-¿Qué podría ser?-, se preguntó, Caminó, hacia el fondo de su guarida. De pronto pisó algo. Al instante, una voz como salida de ultratumba preguntó:

 

-¿Quién es aquel que osa pisarme el dedo chiquito del pie?-.

 

 Tío Tigre se desesperó aún más.

 

-Si lo que estoy pisando es el dedo pequeño del pie... de lo que sea... ¿Cómo será él?-, pensó.

 

Sin quedarse a averiguarlo, Tío Tigre emprendió la huida, salió corriendo a la velocidad que le permitían sus fuerzas. En la cueva Tío Conejo reía y reía de su acción. Nuevamente se había burlado de Tío Tigre. Esa noche durmió como un Rey. A la mañana siguiente reinicio su marcha, eso sí, a sabiendas de que Tío Tigre andaba tras él.

 




 

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